Que no le digan, que no le cuenten
LA VARITA MAGICA ALOTROPIZADORA
Juan José Morales
El agua es indispensable para la vida. Pero, ojo, el preciado líquido le puede estar matando lentamente al llenar su cuerpo de toxinas, bloquear los canales celulares, entorpecer la eliminación de desechos y dejarle su sistema inmunológico peor que un estropajo deshilachado. No porque el agua esté contaminada, sino porque así es de malévola por naturaleza.
No hay, sin embargo, que preocuparse de los mortíferos efectos del vital líquido. Por unos pocos cientos de pesos, usted puede comprar una especie de varita mágica mejor que la de las hadas, que le salvará de la muerte, le curará —si los padece— o le protegerá —si aún no los sufre— del cáncer, la diabetes, el asma, la artritis y otras varias docenas de enfermedades, y de ribete hará desaparecer barros y espinillas en un abrir y cerrar de ojos y le permitirá convertir aguardiente barato en finos licores.
La tal varita mágica, por supuesto, no se anuncia como tal, sino con pomposos nombres seudocientíficos, como desintoxicante celular, celda alotrópica o barra metálica alotropizante. En cualquier caso, se trata de lo mismo: un tubo de latón del cual se dice que contiene en su interior ciertos reactivos no especificados que “generan un microcampo electromagnético, que al entrar en contacto con el agua, cambia la estructura molecular de ésta.” Los tales reactivos, por cierto, deben ser el equivalente de las máquinas de movimiento perpetuo porque —según la publicidad— algunos ya llevan 58 años de funcionar ininterrumpidamente y siguen tan activos como si fueran nuevecitos.
¿Y qué importancia tiene que la varita mágica le cambie la estructura molecular al agua? Pues nada más ni nada menos que así se vuelve “mucho más ligera que el agua corriente, menos densa, menos viscosa, con menor tensión superficial, resistencia específica, mayor refracción, nulo olor y nulo sabor”, todo lo cual la “convierte en un biodescongentivo y desintoxicante del cuerpo humano” puesto que puede “penetrar con mayor velocidad en las células, eliminando así los tóxicos provenientes de aditivos, pesticidas, conservadores de los alimentos, medicamentos, alcohol, drogas, etc., que generan con el paso del tiempo enfermedades crónico-degeneratívas.”
EL AGUA MALA
Sí, porque no debe olvidarse que el agua común y corriente, esa que bebemos todos los días, que no ha sido “alotropizada”, es mala —aunque haya sido potabilizada— porque las sales y minerales que contiene “son tan abundantes que llegan a formarse reservas no aprovechables y, en un momento determinado, el agua ya no alcanza a disolver y darles salida y tampoco las células las pueden procesar, transformándoles en lo que se conoce como toxinas, ya que en lugar de nutrir, en este caso, obstaculizan tanto el paso del agua como el de otros nutrientes que también necesitan las células afectadas.”
Pero no crea que si bebe agua purificada baja en sales se librará de tan horrendo problema. Al contrario, también resulta fatal el “uso indiscriminado de agua potable embotellada y suavizada con cloruros de sodio (sic), a los que en la supuesta búsqueda de pureza les es retirado otro tipo de sales para evitar o disminuir el sabor de agua dura.”
Lo único que podrá salvarle de una muerte segura, o de las mil y una enfermedades que nos amenazan, es esa varita mágica, que puede adquirirse en varios tamaños y presentaciones, ya sea para uso industrial, familiar o personal, en su versión económica de latón ordinario o en las de lujo y gran lujo, bañadas de plata o de oro, con un hermoso dije y una monísima cadenita para colgársela del cuello y tenerla siempre a mano.
Usarla es tan sencillo como comprarla. “Basta con sumergirla en cualquier tipo de bebida (aún alcohólica), o ponerla en contacto con los alimentos por un breve lapso, para que sus propiedades se manifiesten.” O, como dice otro anuncio, basta sumergirla “en el líquido que desee alotropizarse por un lapso que varía según la cantidad de líquido y el tamaño” del aparatejo. En caso de materiales sólidos, hay que ponerla en contacto con ese material.
PARA BORRACHINES
Aseguran sus promotores —y no estaría mal que la Secretaría de Salud revisara tales promesas— que el agua así tratada “es el auxiliar más valioso para disminuir, controlar y evitar enfermedades crónicas, como son: Diabetes, Mellitus (sic), Artritis, obstrucción en Vías Urinarias, Asma, Ácido Úrico, Retensión (sic) de Líquidos, Hipertensión, Cataratas, Hepatitis, Cáncer, Cirrosis, Arteriosclerosis, Cálculos Hepáticos y Biliares, Prostatitis, Mal de Parkinson, Leucemia, Trombosis en sus diferentes manifestaciones, Epilepsia, y todas las derivadas de los problemas inmunológicos”, amén de que “permite elevar la fuerza del sistema inmunológico, obtener un mayor nivel de salud así como aprovechar de mejor manera los nutrientes que el cuerpo necesita.” Todo ello “mediante la desintoxicación constante”, pues “el cuerpo desechará de manera permanente las toxinas que causan estas enfermedades a través de la orina, sudoración y defecación.”
Y si está “a punto de someterse a una operación quirúrgica (trombosis, várices, amígdalas, y otras), existe la posibilidad de evitarla mediante la eliminación de las toxinas que están provocando el malestar.” Así que ¿para qué pagarle al cirujano si es suficiente darse unos pases de la prodigiosa varita por las piernas o el pescuezo?
No paran ahí sus extraordinarias propiedades. ¿Su marido es un bebedor empedernido y fuma como chimenea, o su hijo le roba para comprar drogas? No se angustie. Cómprese un desintoxicante celular, tóquelos suavemente con él cada noche mientras duermen, y adiós problemas, pues el dorado tubito “es la ayuda ideal para resolver los problemas causados por alcoholismo, drogadicción, fármaco-dependencia y tabaquismo, aún sin consentimiento.”
Para un borrachín, en cambio, la recomendación es remojar el desintoxicante celular en el licor antes de beberlo. Le dará sabor y bouquet de finísimo coñac francés hasta al aguardiente más barato y al día siguiente el parrandero amanecerá fresco y despejado, sin el menor síntoma de “cruda”.
¿Fuma usted y le teme al cáncer pulmonar pero no quiere dejar el vicio? Solución: en sólo 90 segundos “puede alotropizar hasta 14 cigarrillos”, haciendo pasar el desintoxicante alrededor de cada uno. Con ese pase mágico hará desaparecer hasta el 80% de la nicotina y el alquitrán del tabaco y el humo no irritará a los demás ni dejará malos olores.
También se recomienda como efectivísimo remedio contra la impotencia sexual, aunque la publicidad omite pudorosamente explicar dónde, cuando y cómo hay que aplicarlo para lograr una erección.
¿Está cuajado de barros y espinillas? No gaste en cremas, ungüentos o lociones. Se desvanecerán tras tocarlos con la varita —es mágica, ¿no?— tres o cuatro veces durante 20 minutos. Si tiene los ojos irritados por el aire contaminado, aplique a cada uno cuatro o cinco gotas de agua purificada en la cual introdujo previamente la barra desintoxicante y le quedarán frescos, limpios y brillantes. Más todavía: si padece de cataratas, podrá volver a tener vista de águila con ayuda del prodigioso cilindro.
Y así maravilla tras maravilla. Lástima que todo sea tan cierto como las afirmaciones de los merolicos en los mercados.