Naturaleza Maya
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Publicado en el Nº 519.
Septiembre de 2006 de Contenido

Que no le digan, que no le cuenten
LOS TIBURONES SÍ SUFREN CÁNCER
Juan José Morales

Basado en la falsa aseveración de que a los tiburones no les da cáncer, ha florecido un productivo negocio de miles de millones de dólares anuales: la venta de cápsulas de cartílago de ese escualo, al que se atribuye no sólo la cura de esa enfermedad, sino de muchas otras, entre ellas artritis, soriasis, espondilitis anquilosante, arteriosclerosis, retinopatía diabética, diarrea, cálculos renales, el síndrome de Sjogren y el de

Reiter, glaucoma, cálculos renales y otros males de los riñones, lupus y sarcoma de Kaposi. Se dice que sirven igualmente para reforzar el sistema inmunológico —y por ende hacer el organismo más resistente a cualquier infección—, calmar dolores musculares y erupciones alérgicas, acelerar la cicatrización de heridas, evitar las arrugas y aliviar las inflamaciones intestinales. En fin, punto menos que un curalotodo, una droga milagrosa sin igual.

Lo único malo de todo esto, es que nada ha sido probado. Tan es así, que sus fabricantes y promotores no se atreven a registrar el cartílago de tiburón como medicamento, pues ello les obligaría a tener que demostrar científicamente las maravillas que le atribuyen. Astutamente, lo registran sólo como complemento o suplemento dietético, aunque en su publicidad insinúan —e incluso llegan a decir abiertamente— que tiene extraordinarias propiedades curativas y hacen vagas referencias a investigaciones científicas al respecto. Pero —dice un informe de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos— “no existe evidencia confiable suficiente sobre sus efectos en humanos como para pronunciarse en pro o en contra de su uso para tratar afecciones.” En el caso concreto de los estudios sobre su acción anticancerosa, subraya que “no fueron bien diseñados o no incluyeron comparaciones con otros tratamientos.” Por eso en Estados Unidos está prohibido afirmar que los productos de cartílago de tiburón curan el cáncer.

Un avispado empresario

Este gran engaño comenzó a fraguarse allá por 1992, con un libro titulado Los tiburones no sufren cáncer, del Dr. William Lane, que si bien es bioquímico graduado en Ciencias de la Nutrición, no era científico sino empresario, presidente de la Asociación Norteamericana de Comerciantes en Pescado, promotor de inversiones en la industria pesquera y dueño de una gran empresa comercializadora de productos derivados del tiburón. En la obra se afirmaba —de ahí su título— que el tiburón es uno de los pocos animales que casi nunca enferman de cáncer, y ello lo atribuía a que su esqueleto, lo mismo que el de las rayas marinas, está formado por cartílago, no por huesos. De ahí sacaba la conclusión de que el cartílago de tiburón tiene propiedades anticancerosas. Como respaldo de tal afirmación citaba varias investigaciones, algunas muy cuestionables y otras más serias pero de ningún modo concluyentes ni definitivas, pues sólo indicaron que tanto el cartílago de tiburón como el de ternero pueden modificar la circulación sanguínea y por tanto influir indirectamente sobre el desarrollo de los tumores, sin que esto signifique en modo alguno que los curen o impidan que aparezcan.

Por supuesto, Lane comenzó a fabricar y vender cápsulas de cartílago de tiburón, que —tras ser presentadas en el programa norteamericano de televisión de cobertura nacional “60 minutos”— se convirtieron en uno de los productos de “medicina alternativa” más vendidos en Estados Unidos. El boom se extendió rápidamente a otros países, México inclusive, donde varias empresas de productos naturistas las fabrican o importan del extranjero.

En junio de 2000, sin embargo, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos prohibió anunciarlas como tratamiento contra el cáncer y multó a los laboratorios de Lane con un millón de dólares por presentarlas así, ya que se trataba de afirmaciones falsas sin ningún sustento científico. Pero las cápsulas se siguen vendiendo, con la etiqueta de suplementos alimenticios. Y en México, algunos fabricantes no tienen empacho en anunciarlas como medicamento anticanceroso. La publicidad de Pronat, una gran empresa cuyos productos naturistas se distribuyen en todo el país, asegura por ejemplo que el cartílago de tiburón “impide la formación de redes venosas (vascularización) en los tumores, impidiendo que estos reciban oxígeno y se nutran, provocando su desaparición o por lo menos disminuye o controla su desarrollo” y que “su poderoso sistema inmune es el que nos ayuda a combatir el cáncer, artritis y otras enfermedades degenerativas.”

Un engaño criminal

La realidad, sin embargo, es que —contra lo que dicen el libro y la publicidad— los tiburones sí sufren cáncer, y uno de los que padecen es precisamente el de cartílago, equivalente al cáncer de los huesos en un ser humano. Y hasta la fecha no existe un solo estudio científico serio en el cual se haya demostrado clara e inequívocamente, que el cartílago de tiburón hubiera hecho desaparecer tumores cancerosos. Tampoco se ha comprobado ninguna de las otras propiedades medicinales que se le atribuyen. Por lo demás, en los estudios sobre sus supuestas propiedades, el producto se inyectó a los animales de laboratorio, no se les administró por vía oral.

Tomar cápsulas de cartílago de tiburón equivale a tirar dinero a la basura. Y no unos cuantos pesos. Los fabricantes y vendedores recomiendan —sin base médica alguna— tomar dos o tres después de cada comida. Es decir, hasta una docena al día. Los precios varían según la marca y el vendedor, pero el gasto puede llegar a casi dos mil pesos mensuales.

Al vender a los enfermos de cáncer la ilusión de que podrán curarse —aunque sin prometérselos explícitamente—, no sólo se les estafa haciéndoles gastar inútilmente su dinero, sino que se pone en riesgo su salud, pues no existe ninguna supervisión oficial sobre la pureza o calidad de las cápsulas, cuya composición —calcio, fósforo, proteína, carbohidratos, fibra, agua y grasa— difiere considerablemente de una marca a otra. En un caso, resultó que contenían 99% de agua. Si su contenido de calcio es demasiado alto, pueden elevar hasta niveles peligrosos los niveles de este elemento en la sangre, sobre todo si el paciente también toma antiácidos.

Pero lo peor de todo es que, convencidos de que se trata de una verdadera y muy cómoda cura para el cáncer —sin las molestias, incomodidades y a veces desagradables efectos colaterales de la radioterapia, la cirugía y la quimioterapia— muchos pacientes abandonan tratamientos que realmente podrían salvarles la vida y mueren víctimas de este cruel engaño.
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