Publicado en la revista Cancunissimo.
Junio de 2008
ESTA TIERRA NUESTRA
Una amenaza sobre Bacalar
Juan José Morales
La laguna de Bacalar, o laguna de los siete colores como también se le llama por alusión a las variadas tonalidades de sus aguas, es sin duda una de las más hermosas de México, si no la más bella. Pero es también una de las más frágiles y vulnerables. Por eso sentí escalofríos al leer que Fonatur ha decidido construir en ese sitio un “centro turístico integralmente planeado”, al estilo de Cancún —cuya planeación ya vimos en qué terminó—, Bahías de Huatulco o Los Cabos.
Esa laguna de agua dulce cercana a Chetumal, de suave fondo arenoso, larga, estrecha y poco profunda —42 kilómetros de longitud, dos de ancho y 15 metros de profundidad a lo largo de su centro— es un cuerpo de agua totalmente atípico. En sentido estricto, no se trata de una laguna, entendida como una hondonada o depresión en la cual se acumula agua que fluye de zonas más altas, sino que es una línea de fractura geológica* en la cual queda al descubierto el agua de los mantos subterráneos. (Por cierto, como detalle curioso, cabe mencionar que el río Hondo, frontera entre México y Belice, tampoco es un río en el sentido tradicional del término, o sea una corriente de agua que haya labrado su propio cauce, sino otra falla geológica por la cual corre el agua del río Azul, que proviene de Guatemala.)
La falla geológica que aloja a la laguna, orientada en dirección suroeste-noreste, es una de las muchas que se formaron por el desplazamiento tectónico del Bloque Maya o Bloque de Yucatán —ese gran fragmento de la corteza terrestre sobre el cual se encuentra la península— al separarse de Centroamérica. En otras de tales fallas se formaron las bahías de Chetumal, La Ascensión y El Espíritu Santo, y caletas como la de Xelhá.

Bacalar y otras lagunas cercanas. Su forma larga y estrecha se debe a que es una gran falla o fractura de la corteza terrestre. A la derecha, la bahía de Chetumal. Imagen cortesía de la Universidad de Quintana Roo.
Paradójicamente, la belleza de la laguna se debe a su pobreza biológica. Sus aguas tienen esa limpidez y esos hermosos colores porque son escasas en nutrientes y crece muy poco plancton en ellas. Tampoco hay mucha vegetación acuática y habitan pocos animales. En sus alrededores, los manglares no tienen la exuberancia que se observa en otros lugares.
Pero esas características pueden ser fácilmente alteradas. De hecho ya lo están siendo debido a la gran construcción de residencias de descanso, hoteles y restaurantes en sus alrededores y al creciente uso de sus aguas para actividades acuáticas motorizadas.
Por eso desde hace tiempo los investigadores vienen recomendando que cualquier plan de desarrollo tome muy en cuenta la gran fragilidad de ese ecosistema para no ocasionar daños que podrían volverse irreversibles. Ya desde 1991, en la obra Estudios Ecológicos Preliminares de la Zona Sur de Quintana Roo, editada por el desaparecido Centro de Investigaciones de Quintana Roo, se señalaba que los alrededores de la laguna presentan en grandes extensiones de su margen poniente, zonas de perturbación debido a los asentamientos poblacionales, y que la transparencia del agua, que es su principal atractivo, puede verse afectada en un tiempo relativamente corto si no se toman medidas para evitar las descargas de material orgánico. Hacía notar igualmente que el ecosistema lagunar puede ser alterado drásticamente por trabajos de dragado.
Un peligro especialmente serio es el de la eutroficación o eutrofía. Este fenómeno consiste en un excesivo crecimiento de algas y otros tipos de vegetación acuática como resultado de descargas de material orgánico, que proporciona nutrientes a las plantas. Esa vegetación, al morir y descomponerse, enturbia el agua, reduce su contenido de oxígeno —con la consecuente mortandad de animales— y provoca malos olores. En general, los lagos y lagunas de agua dulce tienden naturalmente a la eutroficación, pero las actividades humanas pueden acelerarla o agravarla como ha ocurrido en la laguna Bojórquez de Cancún. La laguna de Bacalar tiene la ventaja de que, por no recibir escurrimientos superficiales sino afloramientos de aguas subterráneas, no le llegan sedimentos que provoquen eutroficación. Pero las descargas de aguas residuales de asentamientos humanos podrían tener ese efecto.
En la obra a que nos referimos, los investigadores del CIQRO recomendaron ser muy cuidadosos y preservar aquellas zonas —como la parte norte de la laguna— que se encuentran en buen estado de conservación. Otra de sus recomendaciones fue limitar a un mínimo la construcción de edificios en los alrededores de la laguna y que cualquier desarrollo turístico se ubique en las márgenes central y sur de la laguna.
Pero Fonatur parece haber desoído esas sensatas advertencias y ahora amenaza a Bacalar con un desarrollo tipo Cancún, con miles de habitaciones, lo cual podría acabar en pocos años con esa maravilla natural.