Naturaleza Maya
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Publicado en los diarios Por Esto!
Lunes 18 de septiembre de 2006

IMPACTO AMBIENTAL
Las megasequías de ayer y de hoy
Juan José Morales

El mundo no solamente se está haciendo más caluroso a consecuencia del calentamiento global, sino también más seco, según han comprobado los científicos. Y lo que eso puede significar en cuestión de escasez de alimentos y hambrunas generalizadas no es precisamente para mantener tranquilo a nadie.

Ya en el pasado cercano ha habido prolongados períodos de escasez de lluvias que tuvieron consecuencias devastadoras. Entre las más famosas sequías hay que mencionar las que azotaron a una amplia región de la América tropical entre los años 900 y 1300 de nuestra era y a las cuales se atribuye el colapso de la civilización maya. Otra, más breve —22 años— pero igualmente catastrófica aunque afectó a mucho menos gente, fue la que en el siglo XVI acabó con la colonia inglesa de Roanoke en Estados Unidos, bautizada después como La Colonia Perdida porque todos sus habitantes desaparecieron en el lapso comprendido entre su establecimiento en 1587 y el arribo del siguiente buque cuatro años después.

Ya en nuestro siglo, en la década de los 30, hubo durante seis años consecutivos una tremenda sequía en las planicies de la región central de los Estados Unidos, que se convirtió en un verdadero tazón de polvo y dejó en la ruina e hizo perder sus tierras a cientos de miles de granjeros, obligándolos a emigrar. El drama social derivado de aquel episodio quedó registrado en la famosa novela de Steinbeck Las viñas de la ira. En tiempos recientes, África, partes del Asia Central, el norte de México, Cuba y otras regiones del mundo han estado sufriendo sequías cada vez más agudas y recurrentes. Por todas partes hay muestras de que la cantidad de lluvia está disminuyendo en amplias zonas. Por ejemplo, en África, en la zona semiárida de el Sahel, que marca la franja de transición entre los desiertos del norte del continente y las zonas lluviosas y selváticas del área ecuatorial. En Asia, el gran humedal de Hamun en la frontera entre Irán y Afganistán, de 4 000 kilómetros cuadrados, que por siglos sirvió de refugio a los habitantes de ambos países en épocas de sequía, ahora está convertido en un campo de sal por falta de lluvias y la intensa evaporación de sus aguas. Pero quizá el caso más espectacular es el del gran río Colorado, que cruza el suroeste de los Estados Unidos y desemboca en el Golfo de California en territorio mexicano, donde permite regar los campos del Valle de Mexicali: hace 100 años, su caudal medio era de 16 kilómetros cúbicos por año. En 2002 se había reducido a sólo 3.7. Esto es, a menos de la cuarta parte.

Un informe de Kevin Trenberth, del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas de Estados Unidos, señala que se ha duplicado el porcentaje de las islas y continentes de todo el mundo afectadas por graves sequías en los últimos 30 años. En la década de los 70 era de menos del 15% de la superficie total de tierras emergidas. En la actualidad rebasa el 30%, o sea más del doble que hace 30 años.

Lo peor de todo es que al mismo tiempo que las sequías se vuelvan más frecuentes y severas, podría haber otros fenómenos que empeoren sus consecuencias, como inundaciones y tormentas. En términos generales, los modelos climáticos que manejan los geofísicos indican que a medida que aumente la temperatura media de la Tierra, en las regiones tropicales habrá lluvias más copiosas y tormentas más fuertes, pero en las actuales zonas áridas y semiáridas —como es el caso de gran parte del altiplano y el noroeste de México— el clima se hará más seco, disminuirán las lluvias y por lo tanto se dificultará la agricultura de riego y habrá menores disponibilidades de agua para la industria y el consumo doméstico. O, para decirlo en otros términos: por un lado en parte de México tendremos inundaciones, huracanes y otros desastres naturales, y en otra parte menores abastecimientos de agua para uso agrícola, industrial y doméstico y para la generación de electricidad.

Aún no resulta claro si todo esto es consecuencia del calentamiento global de la atmósfera —el cual por su parte es producto de la acción humana— o se debe a fluctuaciones naturales en los patrones climáticos. Pero, sea cual sea la explicación, el hecho es que parece que debemos ir preparándonos para una megasequía o —peor aún— una serie de megasequías.  

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