Publicado en los diarios Por Esto!
Lunes 28 de mayo de 2007
IMPACTO AMBIENTAL
Huracanes: inicios de temporada
Juan José Morales
Oficialmente, la temporada de huracanes en México comienza el 15 de mayo. Pero para quienes vivimos en la península de Yucatán y la vertiente del Golfo, el inicio es el 1º de junio.
Para entender este desfase, hay que recordar que los huracanes no se forman al azar en cualquier lugar del océano, sino solamente en las zonas tropicales, y no en cualquier sector de ellas, sino sólo en determinadas regiones, que los meteorólogos llaman ciclogenéticas y son como matrices generadoras de esos meteoros. Por lo que a México se refiere, las matrices que lo afectan son cuatro, todas ellas situadas entre los 10 y los 16 grados de latitud norte: la de la Sonda de Campeche en el Golfo de México, la del Caribe, la de las islas de Cabo Verde en el Atlántico frente a la costa occidental de África —que es la más distante de las cuatro y particularmente peligrosa— y la del Golfo de Tehuantepec, en el Pacífico, frente a las costas de Oaxaca, Chiapas, Guatemala y El Salvador.
Esas cuatro zonas ciclogenéticas entran en actividad sucesivamente, una tras otra, como un incendio que se propagara. Generalmente —aunque puede haber excepciones en algunos años— la del Golfo de Tehuantepec inicia su actividad en la última semana de mayo. Por eso en el Pacífico mexicano la temporada de huracanes “se abre” oficialmente el 15 de mayo. Le sigue la Sonda de Campeche en la primera quincena de junio, y en julio principian a formarse huracanes en el Caribe oriental. Por último, a fines de julio, entra en acción la lejana matriz del Atlántico oriental.
Pero, independientemente del momento en que se "enciendan", todas continúan generando huracanes hasta el final de la temporada, que formalmente concluye el 30 de noviembre aunque puede prolongarse hasta diciembre y aún a principios de enero, como ocurrió en la de 2005. La mayor actividad en la matriz de Tehuantepec ocurre en julio y agosto, y en las otras tres en septiembre. En las áreas del Caribe y el Atlántico los huracanes de mayor recorrido y potencia, se dan sobre todo en agosto, septiembre y octubre.
Desde luego, los peninsulares prestamos atención especial a los que provienen del Caribe y el Atlántico. Por eso a veces se tiende a pensar que en esas zonas nace la mayoría de las tormentas tropicales y los huracanes que llegan a suelo mexicano. Pero en realidad la más prolífica de las cuatro matrices mencionadas es la del Golfo de Tehuantepec. Casi la mitad de los huracanes que directa o indirectamente afectan a nuestro país se gestan ahí. Son los que azotan las costas del Pacífico, desde Guerrero hasta Sinaloa y el sur de la península de la Baja California.
Para Yucatán, Quintana Roo y —en menor grado— Campeche, el peligro lo representan los que nacen en el Atlántico y el Caribe. Los que se forman en la Sonda de Campeche usualmente se alejan de nosotros, rumbo a las costas de Veracruz, Tamaulipas o Estados Unidos, ya que los huracanes siguen por lo general un rumbo oeste o norte. Sólo de manera excepcional enfilan hacia el este o el sur.
La matriz atlántica, como decíamos, se encuentra muy cerca del extremo occidental de África, en las inmediaciones del archipiélago de Cabo Verde. La del Caribe tiene dos focos o áreas generadoras. La más próxima a México, donde se gestó el famoso Wilma, se halla en el Golfo de Honduras. La otra frente a las costas septentrionales de Sudamérica a la altura de las Guayanas y el rosario de islas de las Antillas Menores o Pequeñas Antillas.
Los meteorólogos consideran especialmente peligrosos los huracanes llamados de Cabo Verde, o sea los que se forman en las cercanías de África. Si bien la mayoría se desvían hacia el norte para disolverse en las aguas frías de las altas latitudes sin llegar al continente americano, aquellos que mantienen su rumbo hacia el este-noroeste pueden fortalecerse mucho durante el largo trayecto sobre las cálidas aguas del Atlántico, que les proporcionan energía térmica. De ahí vino el célebre Gilberto. Pero también los que se forman en el Caribe pueden alcanzar dimensiones monstruosas y causar gran devastación. Ejemplos de ello son el Mitch en 1998, que dejó no menos de diez mil muertos en Honduras, y el Wilma.
Y es que en cuestión de huracanes, lo único seguro es que no hay nada seguro. Todos resultan potencialmente peligrosos.