Publicado en el diario Por Esto!
Lunes 26 de mayo de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
El choque de dos colosos
Juan José Morales
Cuando el poderoso huracán Wilma pasó a fines de octubre de 2005 por el oriente de la península de Yucatán, chocó con otro coloso natural: la Corriente de Yucatán, que corre hacia el norte a lo largo de la costa de Quintana Roo para penetrar en el Golfo de México y se considera una de las corrientes de frontera —así llamadas por su proximidad a la costa— más poderosas en latitudes tropicales. Su velocidad media es de 1.5 metros por segundo, pero puede llegar al doble, lo cual equivale a cerca de once kilómetros por hora. Es además, muy caudalosa. Por el canal de Yucatán, entre Cuba y México, transporta cada segundo 30 millones de metros cúbicos de agua. Esto significa 300 veces más que el caudal del Amazonas, el mayor río del mundo.
La colisión de esos dos colosos resultó verdaderamente espectacular, según registraron los instrumentos de la red de anclajes oceanográficos del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) ubicados en diversos puntos del litoral oriental de la península: en el canal de Yucatán, frente a Cozumel en pleno Caribe, en el canal de Cozumel entre la isla y la península, frente a Puerto Morelos y en la zona del Banco Chinchorro, en el sur de Quintana Roo.
El 22 de octubre, cuando Wilma se hallaba sobre Cozumel, la dirección de flujo de la corriente se invirtió totalmente hasta una profundidad de cien metros y a una distancia de 50 kilómetros de la costa, por efecto de los vientos y marejadas del meteoro. Esa situación se mantuvo durante 15 horas, hasta que comenzaron a restablecerse gradualmente las condiciones normales.
Por supuesto, al invertirse el flujo, grandes masas de agua provenientes del Caribe fueron acumulándose al no tener posibilidades de seguir su curso hacia el norte y ello contribuyó a la gran elevación del nivel del mar que acompaña a las mareas de tempestad comunes en los huracanes.
En la zona de Puerto Morelos —donde el ojo de Wilma permaneció prácticamente estacionado por 24 horas y soplaron vientos
de huracán categoría 2 durante más de tres días continuos— hubo asimismo grandes alteraciones en las condiciones marinas. Los instrumentos registraron olas de hasta 10.5 metros en mar abierto, frente al arrecife, y de 2.1 en la laguna arrecifal —el área marina situada entre la playa y el arrecife—, donde normalmente el agua es muy tranquila. También, el agua de la laguna tuvo un enfriamiento espectacular, de 11 grados en menos de 12 horas.
Igualmente, el paso del huracán intensificó las fluctuaciones de la corriente a todo lo largo del litoral caribeño mexicano durante unos cinco días, hasta que finalmente se estableció una circulación anómala hacia el suroeste, en la zona del Banco Chinchorro, que persistió casi mes y medio.
Todavía está por precisarse si esas grandes alteraciones de la corriente de Yucatán tuvieron efectos a largo plazo sobre los arrecifes coralinos que se extienden a lo largo de la costa quintanarroense y que constituyen el borde o frontera occidental de la corriente. Esta, ciertamente —como se señala en los informes de los investigadores—, no fluye directamente por encima del arrecife sino en su borde externo, el que da a mar abierto. Pero las aguas de la corriente terminan siendo transportadas al arrecife por las corrientes de marea o por el viento, y determinan en gran medida las condiciones ambientales del arrecife.
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