Publicado en el diario Por Esto!
Lunes 16 de junio de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
Buenas ondas y malas ondas
Juan José Morales
Esta es la época en que se habla mucho de ondas. Concretamente, de ondas tropicales. Pero ese es un término bastante nuevo. De hecho fue acuñado apenas allá por 1940, y en un principio ni siquiera se les llamaba así, sino ondas del este.
Pero antes de seguir adelante, conviene precisar que estos fenómenos meteorológicos son zonas de baja presión, con densas nubes y copiosas lluvias, que se mueven en dirección al oeste a velocidades de entre 20 y 25 kilómetros por hora y en las cuales a veces se forman huracanes.


En este esquema de Robert Simmon, cortesía de la NASA, una onda tropical se representa como la zona oscura en la cual los vientos confluyen y luego divergen.
Las ondas del este fueron descubiertas en 1940 por el meteorólogo Gordon E. Dunn, quien luego fuera director del Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos. Observó que durante la temporada de huracanes hay en el Atlántico tropical una sucesión de áreas de alta y baja presión que se desplazan de este a oeste, una tras otra, como en una procesión o desfile. Esto —según se comprobó posteriormente— también ocurre en los demás océanos y es crucial para la formación de huracanes.
Las ondas tropicales —como se les llamó después porque sólo se forman en la llamada Zona Intertropical de Convergencia, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, donde confluyen o convergen vientos procedentes de los hemisferios norte y sur—, se conocen también como perturbaciones tropicales. Son áreas de baja presión con forma alargada, o vaguadas para usar el término meteorológico. Se encuentran sobrepuestas a los vientos alisios —que soplan hacia el oeste— y ellas hay un flujo ondulante de aire, inestabilidad atmosférica y densas nubes que usualmente provocan chubascos, fuertes lluvias que llegan a ser torrenciales, y tormentas eléctricas. En el Atlántico tropical y el Caribe se desarrollan especialmente entre mayo y noviembre, que es la temporada de huracanes. Una onda tropical es, por así decir, la “semilla” de un huracán. Pero no siempre. La mayoría simplemente se desvanecen tras ocasionar a su paso nublados, aguaceros y vientos más o menos fuertes.
Por término medio, sólo el 10% de las ondas tropicales evolucionan hasta convertirse en tormentas o huracanes. Por lo demás, se presentan marcadas variaciones de año en año. Ha habido ocasión, como en 1950, cuando prácticamente todas las del Atlántico evolucionaron hasta convertirse en tormentas o huracanes. En cambio, hubo años —1962 fue un caso notable— en que no se generó un solo huracán en toda la temporada aunque hubo numerosas ondas tropicales.
Por otro lado, si bien las bajas presiones aparecen y se desplazan por toda la Zona Intertropical de Convergencia, los huracanes sólo se forman en ciertos sectores de ella, que los meteorólogos llaman zonas ciclogenéticas.
Son ocho en total. La más activa es la del Pacífico occidental, frente a las costas de Chiapas y Oaxaca, donde se forma cada año en promedio la tercera parte del total mundial de huracanes. Otras matrices de huracanes son la de Cabo Verde, en el Atlántico, frente al Africa, y la del Caribe. De ellas provienen perturbaciones, tormentas y huracanes que afectan a la península de Yucatán.
Desde luego, hablando en términos coloquiales, podría calificarse a las ondas tropicales de malas ondas porque provocan lo que usualmente se denomina mal tiempo e incluso fenómenos devastadores. Pero también se les puede considerar buenas ondas, pues gracias a ellas tenemos la temporada de lluvias, sin las cuales no habría agricultura ni agua para beber.
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