Publicado en la revista Cancunissimo
marzo de 2008
ESTA TIERRA NUESTRA
Las fábricas de arena
Juan José Morales
A mucha gente seguramente le sorprenderá saber que la arena de Cancún —la original, la de antes de Gilberto, Iván, Wilma y la restauración de playas—, aquella arena de blancura deslumbrante y fina como talco, que incluso se vendía a los turistas en pequeños frascos, proviene de vegetales. Pero así es. Esos diminutos granos son en gran parte restos de algas calcáreas, un tipo de plantas marinas primitivas color verde oscuro, carentes de flores y raíces, que crecen en aguas someras cerca la orilla.
Los botánicos les llaman calcáreas porque sus tejidos contienen una gran cantidad de carbonato de calcio. Cuando mueren y se descompone la materia orgánica que les da su color verde, el carbonato se libera, pulverizado, y es transportado por las corrientes marinas.


Arriba, un alga del género Halimeda. Obsérvese en su base el rizoma que hace las veces de raíz para fijarse al sustrato. A la derecha, una del género Penicillus, con filamentos relativamente flexibles, como brocha de afeitar.
Estas algas, que miden usualmente entre 5 y 10 centímetros, crecen sobre fondos arenosos, rocas, formaciones de coral, piedras y cualquier otro sustrato al cual puedan fijarse con sus rizoides, unas estructuras que hacen las veces de raíces. Se les encuentra siempre en zonas poco profundas, donde pueden recibir suficiente luz solar.
Las hay de muchas especies y variadas formas, pero todas son más o menos duras y rígidas debido a su contenido mineral. Esto constituye una protección contra los peces herbívoros y otros depredadores, que las encuentran poco apetecibles y difíciles de digerir. Además, las del género Halimeda contienen unas sustancias químicas que por separado son inofensivas, pero al combinarse forman un compuesto tóxico. Así, cuando un animal las muerde, se desata la reacción química y el depredador se lleva una desagradable sorpresa que lo hace abandonar la planta y no volver a intentar comer otra igual. Este fenómeno se ha observado en muchas plantas terrestres, pero las únicas marinas que lo presentan son las Halimeda.
La arena proveniente de algas calcáreas —la que formaba, repetimos, las extensas playas de Cancún— es muy fresca debido a que por su pequeñísimo tamaño los granos tienen una superficie proporcionalmente muy grande respecto a su volumen y por tanto irradian rápidamente el calor que reciben, sin llegar nunca a calentarse. Además, por su blancura reflejan la luz solar. La arena con granos más gruesos y oscuros, en cambio, puede llegar a ser insoportablemente caliente a medio día.

Copa de sirena Acetabularia crenulata, una de las más bellas plantas marinas. Mide cinco centímetros o más y su copa uno o dos centímetros de diámetro, pero está constituida por una sola célula gigantesca, con el núcleo en el rizoide. Lo que parece tallo es sólo un largo filamento. La copa o cáliz es el órgano reproductor, donde se forman miles de quistes que contienen células germinales, como semillas microscópicas, que se dispersan en el agua.
Muchos hoteleros, sin embargo, desconocen la importancia de estas algas y demás plantas marinas —a las que consideran indeseables— y mandan arrancar la vegetación sumergida para que los huéspedes encuentren sólo arena desnuda y caminen más a gusto. Valdría la pena que dejaran de hacerlo, pues con ello están destruyendo nuestras fábricas de arena y entorpeciendo —o de plano impidiendo— la restauración natural de aquellas playas que hicieron famoso a Cancún.

Algas del género Halimeda sobre una formación coralina. Sus pequeñas hojas rígidas están unidas entre sí por segmentos flexibles no calcificados.