Publicado en los diarios Por Esto!
Lunes 1 de octubre de 2007
IMPACTO AMBIENTAL
El on, doble regalo maya al mundo
Juan José Morales
Los principales estados productores de aguacate en México no son los del sureste, sino Michoacán, Morelos y Veracruz entre otros. Por eso puede parecer extraña la afirmación de que ese fruto —no verdura como generalmente se le considera— es originario de la región maya. Pero así es. El árbol de Persea americana —tal es su nombre en la clasificación científica — en un principio sólo existía en las selvas altas de Chiapas y el sur de la península de Yucatán, incluidos Belice y Guatemala. Al parecer fue una de las primeras plantas cultivadas, junto con el maíz, el frijol, el chile y la calabaza, y los agricultores prehispánicos lo difundieron a por todo Mesoamérica. Después de la conquista española, comenzó a difundirse por el resto del mundo, y ahora se produce en muchos países.
A lo largo de esos siglos, y como resultado de las técnicas de cultivo y selección se formaron tres grupos ecológicos o razas de aguacate: la mexicana, que se desarrolló en los valles del centro de México, en zonas con altitud de 1 500 a 2 000 metros; la guatemalteca, creada en las tierras altas de Guatemala, entre los 500 y mil metros de altitud, y la antillana, originaria de alguna isla caribeña todavía no precisada, que crece a menos de 500 metros sobre el nivel del mar. De esas tres razas, los cultivadores han obtenido unas 500 variedades, aunque sólo unas cuatro docenas se cultivan en escala más o menos considerable.
Como paréntesis cultural, podemos añadir que el nombre aguacate proviene del náhuatl aoacatl o ahuacatl. En el idioma maya yucateco o peninsular, se le conoce como on.
En México, el grueso de la producción consiste en la variedad Hass, que se cosecha todo el año y se caracteriza por su tamaño mediano y su cáscara rugosa, que primero es verde y pasa a púrpura casi negro al madurar.
Pues bien, todo esto viene a cuento con motivo de un informe publicado en la revista científica electrónica Seminars in Cancer Biology, según el cual en pruebas de laboratorio se comprobó que extractos de esa variedad de aguacate pueden inhibir el crecimiento de células cancerosas en los tejidos de la boca, matar algunas e impedir el ulterior desarrollo de las células precancerosas. Todo ello sin afectar a las células normales.
El trabajo fue realizado por científicos de la universidad norteamericana del estado de Ohio, y hasta donde se sabe es la primera investigación sobre los efectos en tumores cancerosos de los compuestos químicos contenidos en el aguacate. Y si bien se limitó al cáncer oral, quizá los mismos resultados se obtendrían en otros tipos de ese mal.
Ya desde hace tiempo, por lo demás, los autores de diversos estudios científicos habían llegado a la conclusión de que el consumo de frutas y verduras de color oscuro reduce el riesgo de sufrir varios tipos de cáncer. Ello se atribuye a los altos niveles de fitonutrientes o sustancias fitoquímicas presentes en esos alimentos.
Desde luego, los resultados de esta investigación acerca del aguacate son preliminares, no concluyentes ni definitivos. Hay que realizar estudios adicionales para confirmarlos, y se debe tener mucho —muchísimo— cuidado con los inevitables charlatanes que sin duda pronto comenzarán a ofrecer tratamientos milagrosos contra el cáncer a base de extractos de aguacate o cosas por el estilo.
Pero si se comprueba que efectivamente los fitonutrientes del on o aguacate tienen esos efectos terapéuticos, resultará que el mundo maya le hizo a la humanidad un doble regalo con esa planta: le dio un fruto de exquisito sabor —en una época se le llamó científicamente Persea gratissima— y una poderosa arma contra una de las enfermedades más temibles y temidas de nuestros tiempos.