Publicado en el diario Por Esto!
Lunes 27 de agosto de 2007
IMPACTO AMBIENTAL
Están de vuelta las oscuras golondrinas
Juan José Morales
Septiembre es mes de golondrinas en la península de Yucatán. En este tiempo llegan desde los Estados Unidos y Canadá grandes cantidades en su viaje anual hacia Sudamérica, para escapar del hielo, la nieve y la oscuridad de los meses invernales en las altas latitudes. Emprenderán el retorno en primavera, para anidar cuando comienza en el norte la temporada de temperaturas cálidas y abundancia de insectos y frutos, que proporcionan suficiente alimento para las crías.
Son en total siete las especies de golondrinas que cruzan tierras del Mayab en esa migración. La más famosa, además de muy abundante, es sin duda la que científicamente se conoce como Progne subis y de cuyo nombre maya, cuzam, deriva Cuzamil —”isla de golondrinas”—, denominación original de Cozumel. Y es que en esa isla del Caribe mexicano se forman en la época de migración nutridas congregaciones de estas aves. Como es el punto más avanzado en tierra al cual pueden llegar después de cruzar el Golfo de México, ahí se detienen para descansar y alimentarse y en espera de más compañeras antes de reanudar la travesía a través del Caribe hasta Sudamérica.
La cuzam, llamada en español martín azul y golondrina violeta —esto último por su plumaje iridiscente que adquiere tonos violáceos—, es de aspecto tosco y color muy oscuro. Se le observa sobre todo durante su paso otoñal hacia Sudamérica, pues cuando regresa al norte después del invierno, vuela a gran altura —hasta a ocho mil metros— y queda fuera del alcance de los observadores.
Por cierto, la cuzam, al igual que otras aves que cubren largos trechos a tan gran altura, no duerme sino que durante la noche sólo se aletarga y sigue planeando allá muy arriba. Al amanecer, baja y se alimenta de insectos, pero sin posarse nunca. Luego vuelve a elevarse para seguir volando incesantemente, sin dormir y sin más descanso que ese amodorramiento nocturno.
Otra golondrina migratoria muy abundante —quizá la más familiar para la mayoría de la gente ya que se le puede identificar muy fácilmente— es la tijereta, Hirundo rustica para los zoólogos. Es azul‑negro en el dorso y canela en la parte inferior y casi tan grande como la cuzam. El nombre común de tijereta proviene de su cola, mucho más ahorquillada que la de cualquier otra golondrina, lo cual permite reconocerla a gran distancia. A diferencia de la cuzam, sin embargo, a la tijereta se le observa principalmente durante su travesía primaveral, de mediados de marzo a mediados de mayo.
Esta golondrina tiene una distribución universal. Habita tanto en América como en el viejo continente y no sólo tolera perfectamente la proximidad del hombre sino que siempre lo ha seguido en su expansión. Se le encuentra en los campos, pues prefiere terrenos abiertos, pero se le encuentra también en zonas pobladas.
Es, entre las que pasan por la península yucateca, la que realiza la más larga migración. En verano anida en los Estados Unidos y Canadá, y al acercarse los meses fríos, viaja a Sudamérica, donde se establece desde Colombia hasta Tierra del Fuego, en el extremo sur del continente, a un tiro de piedra del Antártico.
El paso de estas migrantes por suelo peninsular, no sólo es un gran espectáculo —o una molestia cuando se posan por millares en los cables eléctricos y telefónicos y tapizan el suelo con sus excrementos— sino también un hecho fundamental para los ecosistemas de la región. Todas las golondrinas son insectívoras, y contribuyen a eliminar plagas agrícolas o bichos molestos, como moscas, mosquitos y cucarachas. A esa alimentación se debe el vuelo tan peculiar, errático y caprichoso que las caracteriza. Se mueven así porque cazan insectos que encuentran en el aire, y ello las obliga a cambiar súbita y constantemente de dirección y velocidad cada vez que divisan una posible presa, para interceptarla y atraparla. Su dieta explica también por qué se les encuentra en abundancia en las proximidades de los basureros.
Por lo demás, aparte de esas siete especies de golondrinas viajeras que dos veces por año transitan por tierras peninsulares, tenemos otras tres que son residentes. Esto es, que pasan todo su ciclo de vida en la región, sin realizar desplazamientos migratorios como las demás. Pero de ellas hablaremos en otra ocasión. Por ahora, basta señalar que estamos en la temporada en que, como dice la canción, vuelven las oscuras golondrinas.