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Publicado en el diario Por Esto!
Lunes 17 de septiembre de 2007

IMPACTO AMBIENTAL
El caso de las abejas desaparecidas
Juan José Morales

En los últimos tiempos se han publicado numerosas noticias acerca de un peculiar y enigmático problema que sufren los apicultores norteamericanos: súbita e inexplicablemente, las abejas obreras de sus colonias desaparecen sin que se encuentren sus restos. Síndrome de despoblamiento de colmenas, o SDC para abreviar, se ha llamado a este fenómeno, y se estima que en todo Estados Unidos, la cuarta parte de los apicultores han sufrido tales pérdidas, que a veces representan entre la mitad y el 90% de sus colonias.

En realidad, el problema no es reciente, ni tampoco exclusivo de Estados Unidos. Se viene dando desde hace años en Europa y otros lugares del mundo. En España y Francia, por ejemplo, causa estragos desde 2000 y 2001, y se calcula que en los últimos meses el SDC ha acabado con 290 mil millones de abejas tan sólo en España. Un apicultor puede encontrar que en dos o tres meses sus colmenas se despueblan misteriosamente, y de las 20 000 obreras que contenía cada una en promedio, quedan apenas 200 ó 300, o sea poco más de la centésima parte.

Mucho se ha especulado sobre las causas del SDC, y las explicaciones varían desde el cambio climático, infecciones con hongos y el uso excesivo de insecticidas en los campos agrícolas, hasta la aniquilación de las abejas por ondas electromagnéticas de las antenas de telefonía celular. Ninguna ha sido comprobada, pero parece que el enigma se ha resuelto, o al menos se han hallado buenas pistas para aclararlo. De acuerdo con un informe publicado hace poco en la revista Science, investigadores norteamericanos encontraron que la mortandad es causada por o está ligada con el llamado virus israelí de parálisis aguda, VIPA para abreviar, o IAPV si se prefiere la sigla de su nombre en inglés. Ese agente infeccioso ha sido detectado hasta en más del 90 por ciento de las abejas de las colmenas afectadas, pero prácticamente en ninguna de las que no presentaban el síndrome. Ese elemento patógeno, por lo demás, es el único que sistemáticamente se encuentra en las colonias aquejadas por el mal.

El VIPA está emparentado genéticamente con el llamado virus Cachemira, que también afecta a las abejas, y todavía no está confirmado que se trate de una especie distinta o solo una variedad del Cachemira. Es transmitido por cierto ácaro del género Varroa, el mismo que provoca a las abejas la enfermedad llamada varroasis al parasitarlas y succionarles la hemolinfa, que es el equivalente de la sangre en los insectos, con lo cual las debilita y hace que las crías sean de menor peso y tamaño y presenten malformaciones en alas, abdomen y patas. Por otro lado, las heridas que provoca al picar y chupar abren la vía a infecciones con bacterias y virus.

El VIPA fue identificado por primera vez en 2002 en colmenas de Israel cuyas abejas presentaban un comportamiento anómalo y también se despoblaban inexplicablemente. Ni los investigadores israelíes que lo detectaron en aquella ocasión, ni los norteamericanos que publicaron el informe en Science están seguros de que sea el causante directo del SDC, pero sí creen que existe alguna relación. Suponen también que el virus llegó a Europa y Estados Unidos a través de embarques de miel, jalea real, cera y otros productos de la apicultura.

Hasta donde sabemos en México aún no se han dado casos de este extraño síndrome de despoblamiento de colmenas. Quizá el mal no nos ha llegado aún porque —a diferencia de Estados Unidos y los países europeos— México no es importador de productos apícolas, sino exportador. Pero no por ello el asunto debería dejar de preocupar a las autoridades. Sobre todo en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, donde la apicultura está muy extendida y es una importante actividad complementaria para decenas de miles de campesinos. Valdría la pena reforzar la vigilancia zoosanitaria para evitar que nos llegue el SDC, pues si eso sucede, las consecuencias podrían ser catastróficas.

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