Publicado en la revista
Cancuníssimo
EL DELFIN DEL YANGTZE Y NUESTRA FOCA DEL CARIBE
Juan José Morales
En llamado Libro Rojo de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza el delfín del Yangtzé aparece en la categoría de especie “críticamente amenazada”. Pero es muy probable que pronto pase a la de “posiblemente extinta”. Y es que pocos especialistas dudan que haya desaparecido. La última vez que se observó un ejemplar en libertad fue en 2002. Ese mismo año murió el único que existía en cautiverio, un macho llamado Qi Qi. Y aunque desde entonces en tres ocasiones distintas hubo pescadores que aseguraban haber avistado ese animal, en ningún caso pudo verificarse, y una expedición científica que durante noviembre y diciembre de 2006 realizó una minuciosa búsqueda auxiliándose con refinado instrumental electrónico a lo largo del Yangtzé y sus tributarios resultó infructuosa. Si se considera que la cuenca de ese río de China está densamente poblada —ahí habita la décima parte de la población mundial—, hay un nutrido tránsito de embarcaciones y se realiza una intensa actividad pesquera, el hecho de que en todo ese tiempo no se le haya visto —pese a ser una criatura de 2.4 metros de largo y un cuarto de tonelada— parece confirmar su extinción.
Por lo demás, la población había estado declinando sostenidamente debido al creciente movimiento de buques —que mataban accidentalmente a los delfines— y a la actividad de los pescadores, en cuyas redes se enmallaban y ahogaban. Al comenzar la década de los 50, aún había miles de ellos en el Yangtzé. A fines de los 70, ya sólo quedaban centenares. Y en las postrimerías del siglo XX apenas una docena.
Así, después de 20 millones de años de existencia, el delfín del Yangtzé, Lipotes vexillifer como se le conoce en la nomenclatura científica, baiji como se le llama en chino, ha pasado a engrosar la lista de animales extintos. Y como era una especie única, sin parientes próximos, con él desapareció por lo tanto una rama entera del árbol de la evolución.
Nuestra foca
Y aquí entra en escena el otro animal que mencionamos en el título: nuestra foca. En los informes sobre la extinción del baiji se señala que es el primer vertebrado de gran tamaño que desaparece en el mundo debido a la actividad humana en los últimos 50 años. El anterior fue la foca monje o frailenca del Caribe, Monachus tropicalis, también conocida como lobo marino y tsulá en maya.
Esta foca fue vista por última vez con toda certeza en 1952. Posteriormente hubo noticias nunca confirmadas sobre observaciones de ejemplares aislados, y todavía entre 1975 y 1993 se realizaron detalladas búsquedas en pequeñas islas, cayos e islotes, pero sin resultado. Finalmente, en 1996 la UICN la declaró oficialmente extinta.
Nuestra foca fue la única de aguas tropicales en América. Todas las demás especies habitan mares templados o fríos. Era muy parecida a las del Antártico, aunque de diferente coloración. Tenía cabeza redonda, ojos grandes y saltones muy separados entre sí y cortos bigotes. Los machos alcanzaban hasta 400 kilos y de 2.5 a tres metros de longitud. Las hembras un poco menos. Se alimentaba con peces, crustáceos y moluscos y era tan sedentaria que pasaba prácticamente toda su vida en la misma área.
Se distribuía por el Golfo de México, el Caribe, las Bahamas y los cayos de Cuba y la Florida. Al parecer abundaba en las islas, islotes, cayos y arrecifes que rodean a la península de Yucatán, como el banco Chinchorro en Quintana Roo, los arrecifes de los Alacranes frente a Yucatán y los cayos de Arcas y Triángulos en la sonda de Campeche. Incluso, algunos lugares deben su nombre a la gran cantidad de estos animales que los habitaban. Por ejemplo, Isla de Lobos en el norte de Veracruz, Banco Foca en el arrecife de Triángulos, y Cayo Lobos en el del Chinchorro.
Matanza despiadada
Los mayas sólo la cazaban ocasionalmente. Pero los conquistadores europeos la sometieron a intensa matanza para obtener pieles y aceite. Crónicas de principios del siglo XVIII relatan que en las Bahamas los cazadores ingleses a veces mataban hasta cien en una noche. Y darles muerte era cruelmente fácil, pues no rehuía al hombre y ni siquiera se defendía al ser atacada.
Diezmada por los cazadores, ya a fines del siglo XX se le consideraba rara y escasa. En 1886, cuando se capturó una cerca de Campeche, despertó tal curiosidad que hasta se le llevó al puerto de Progreso en Yucatán para exhibirla públicamente.
Así y todo, se le seguía cazando. Todavía en 1911 se sacrificaron 200 en Cayo Triángulos, para aprovechar sus pieles y su aceite. También algunos pescadores las mataban a balazos porque les rompían las redes al hurgar en ellas buscando pescado.
Después, se vio en problemas para reproducirse, pues las tranquilas y desoladas playas arenosas de islas y cayos donde lo hacía fueron invadidas por guardafaros, pescadores, infantes de marina, trabajadores petroleros y otras personas. Las focas, que ya habían desarrollado instintos evasivos después de tres siglos de ser acosadas y aniquiladas, comenzaron a huir.
Entonces ocurrió el desastre: al no poder reproducirse normalmente, el número de ejemplares comenzó a descender vertiginosamente. Y finalmente la especie se extinguió.
Pero, a diferencia del delfín del Yangtzé, que murió sin dejar parentela, a la foca monje del Caribe le sobreviven aún dos primas hermanas, del mismo género: la foca monje o frailenca del Mediterráneo Monachus monachus y la Monachus schawislandi, de las islas Hawai en el Pacífico. Las dos son muy parecidas a la nuestra en tamaño, aspecto, coloración y, aparentemente, también en hábitos. Y las dos se encuentran amenazadas; sobre todo la del Mediterráneo.

Dibujo tomado del libro The Fisheries and Fishery Industries of the United States (1884-1887), editado por George Brown Goode.

Una foca monje en el Acuario de Nueva York alrededor de 1910. Fue capturada en el arrecife de Triángulos en Campeche o en el de Alacranes en Yucatán.

Este es el cadáver de Qi Qi, el último delfín del Yangtzé, un ejemplar en cautiverio muerto en 2002. Foto cortesía del Dr. Robert Pitman. NOAA Southwest Fisheries Science Center. La Jolla, California.