Naturaleza Maya
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IMPACTO AMBIENTAL
La importancia del escribano
Juan José Morales

Quizá porque no se acostumbra comerlo, porque a nivel local no hay mucha demanda, o porque la actividad pesquera se ha centrado tradicionalmente en otras especies consideradas más valiosas, como mero, huachinango, carito o pulpo, el hecho es que en aguas de Yucatán existe un recurso pesquero que no ha sido suficientemente aprovechado: el escribano, agujón, pajarito o agujeta, como se le conoce popularmente.

Este pez, que puede alcanzar más de medio metro de longitud, no tiene mucho atractivo como alimento humano, aunque es de carne firme, puede filetearse y en las islas de las Antillas Menores se acostumbra comerlo. Pero tiene gran demanda para emplearlo como carnada en la pesca deportiva de marlin, pez vela y pez espada. Incluso, desde Florida se exporta congelado con ese propósito a los clubes de pesca de la Baja California. Y en el norte de Quintana Roo, en la zona de la isla del Contoy, se le captura en regular cantidad para abastecer a los prestadores de servicios de pesca deportiva de Cancún, Playa del Carmen y otros centros turísticos.

Por ello se le debe considerar —aunque sea como un recurso marginal— en la planeación de la industria pesquera, según se señala en un estudio de reciente publicación acerca de las pesquerías de Yucatán realizado por Silvia Salas, Guadalupe Mexicano Cíntora y Miguel A. Cabrera, de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.

El escribano —o más bien los escribanos, porque hay varias especies de ellos— recibe sus nombres comunes del hecho de que tiene la mandíbula inferior muy delgada y desproporcionadamente más larga que la superior, como una aguja. Es un pez costero y habita aguas de no más de cinco metros de profundidad, donde se alimenta con plancton y pequeños peces. Forma cardúmenes que llegan a ser bastante nutridos y ello facilita su captura con redes de enmalle. En aguas peninsulares hay —dicen los autores del estudio— cuatro especies, de las cuales las más conocidas son el escribano de cola azul Hemiramphus balao y el de cola amarilla o agujeta brasileña, H. brasiliensis, también llamado escribano de aletas rojas. No son exclusivos de nuestro país. Habitan desde la costa del Atlántico en los Estados Unidos hasta Brasil y, del otro lado del océano, a lo largo de las costas de África.

En Yucatán, aunque parece haber poblaciones importantes de escribano a lo largo de la costa, la producción es muy limitada. Sólo se pesca en pequeña escala, principalmente en los puertos del oriente, para comercializarlo en Cancún.

Y, por su escasa importancia comercial, fuera de algunas capturas experimentales se han hecho muy pocos estudios acerca de su distribución, densidad de poblaciones, biología y otros aspectos. Sin embargo, las investigaciones realizadas en otros países indican que ambas especies tienen una elevada capacidad reproductiva, lo cual permite que sus poblaciones soporten una tasa de captura relativamente grande y con adecuadas regulaciones se pueda establecer una pesquería sustentable. En Florida, comentan los autores del estudio, desde hace más de 20 años se registran capturas del orden de 500 toneladas anuales. Y podríamos agregar que en Quintana Roo también durante mucho tiempo se ha venido registrando una producción de escribano para carnada bastante estable, sin señales de sobreexplotación.

Todo esto, a juicio de los investigadores del Cinvestav, indica que este recurso ofrece muy buenas perspectivas como pesquería alternativa o complementaria, ya que existe un mercado establecido no sólo en las zonas turísticas de Quintana Roo, sino también de los Estados Unidos y de la costa mexicana del Pacífico.

Sin embargo —y esto es muy importante— recomiendan no precipitarse. Antes de fomentar esa nueva pesquería, dicen, hay que sentar las bases para su desarrollo, lo cual implica un buen conocimiento científico del recurso, para saber hasta qué punto y de qué manera puede explotarse sin correr riesgo de sobrepesca. Pero, sobre todo, subrayan, es necesario controlar la explotación para que los beneficios económicos generados por ella se distribuyan equitativamente entre las comunidades pesqueras y no solamente entre los empresarios.

El escribano recibe su nombre común por la gran longitud de su mandíbula inferior, que hace pensar en un lápiz. Dibujo cortesía de la FAO.

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