Fecha de publicación
lunes 9 de octubre de 2006 (no publicado)
IMPACTO AMBIENTAL
Los enanos de Cozumel
Juan José Morales
Hay en Cozumel dos especies de mamíferos endémicos de esa isla, o sea que no existen en ningún otro lugar del mundo: el mapache enano —Procyon pygmaeus en la clasificación científica— y el tejón de Cozumel, Nasua nelsoni. Son muy parecidos a sus congéneres que habitan en tierra firme, el mapache común Procyon lotor y el tejón o pisote Nasua narica. Pero se distinguen de ellos por su menor tamaño. Incluso, algunos biólogos opinan que no son realmente especies diferentes, sino sólo variedades o formas reducidas.
Pero, independientemente de que sean o no especies distintas, lo que por ahora nos importa es el hecho de que como norma general las especies que evolucionan en islas son de reducidas dimensiones en comparación con sus congéneres de los continentes, y en ocasiones la diferencia en tamaño llega a ser realmente impresionante. En Sicilia y otras islas del Mediterráneo, por ejemplo, existió hace dos millones de años un elefante enano, el Elephas falconeri, que sólo pesaba 100 kilos y era del tamaño de un caballo pony. Por contraste, un elefante africano puede alcanzar las diez toneladas, o sea cien veces más. Igualmente, hubo en las islas cercanas a África hipopótamos enanos.
La reducida talla de las especies de mamíferos confinadas en islas se ha atribuido generalmente a que las disponibilidades de alimento no son muy grandes y, para sostener a las poblaciones de esos animales, la selección natural lleva al desarrollo de ejemplares más pequeños. De este modo, la misma cantidad de alimento basta para mayor número de ellos.
Sin embargo, tras una minuciosa investigación, el biólogo italiano Pasquale Raia, de la universidad de la región de Molise, y el israelí Shai Meiri, del Imperial College de Londres, han llegado a una conclusión radicalmente diferente. El hecho de que en las islas se desarrollen formas de mamíferos más pequeñas que en los continentes, se debe básicamente a la falta de depredadores y de otros animales que compitan con ellos por el espacio y el alimento. Al tener en ese lugar menos enemigos naturales, no necesitan ser tan grandes para defenderse de ellos. Por otro lado, la reducción de tamaño les favorece por cuanto requieren menos alimento. Y como en general mientras menor es un animal más hijos tiene por camada, las poblaciones de una especie de pequeña talla tienden a incrementarse. Esto se aplica tanto a herbívoros como a carnívoros. Estos últimos, además tienden a ser menores porque sus presas también lo son.
La investigación de Raia y Meiri se basó en el estudio de restos fósiles de más de 150 especies de mamíferos que vivieron en islas del Mediterráneo de diferente tamaño a lo largo del Pleistoceno y el Holoceno, desde hace 1.8 millones de años hasta hace sólo 4 500 años.
En el caso de los enanos de Cozumel, la explicación de estos investigadores parece adecuada, pues si bien en las densas selvas de la la isla de 500 kilómetros cuadrados tanto el tejón como el mapache disponen de suficiente alimento, casi no existen depredadores importantes. Incluso, fue sólo hasta tiempos muy recientes —hace apenas unos años— cuando se introdujeron boas, que ahora son una grave amenaza para las especies endémicas, tanto el tejón de Cozumel y el mapache enano como el cuitlacoche de Cozumel y otras aves. Así, los estudios hechos al otro lado del mundo, en las islas del Mediterráneo, han venido a arrojar nueva luz sobre la fauna isular del Caribe mexicano.
Y ya que andamos por los terrenos de la evolución, terminaremos con una de esas noticias que se antojan increíbles: una encuesta de la conocida empresa de sondeos de opinión Gallup reveló que actualmente, en pleno siglo XXI y a pesar de todo lo que se puede aprender en libros, revistas y documentales de televisión sobre la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, los hallazgos de restos de seres humanos primitivos de tres millones de años de antigüedad y otras cuestiones por el estilo, el 46% de los norteamericanos creen a pie juntillas que Dios creó el Universo hace menos de diez mil años. Después de eso, a nadie deba extrañar que se traguen cualquier patraña que Bush les cuente.