Publicado en el diario Por Esto!
Lunes 1 de septiembre de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
El nacimiento de los jaguares
Juan José Morales
Muy poco se sabe sobre la vida de los jaguares en su medio ambiente natural, pues se trata de animales escasos, esencialmente de hábitos nocturnos, sigilosos y muy elusivos. Todo ello hace en extremo difícil observarlos. Y una de las incógnitas acerca de ellos es su época de reproducción. Como señala el investigador Juan Carlos Faller, quien desde hace años estudia a estos majestuosos animales en Yucatán, muchos especialistas sostienen que se aparean en cualquier época del año, pero estudios hechos en la región de Pantanal, en Brasil, sugieren que lo hacen en períodos específicos, de manera que las crías nazcan en los meses del año en que hay mayor disponibilidad de presas, con lo cual aumentan sus probabilidades de supervivencia. En el caso de México, una de las escasas referencias al respecto proviene de un estudio de George Franklin Gaumer —naturalista norteamericano residente en Yucatán desde 1884 hasta su muerte en 1929— quien en su Monografía de los mamíferos de Yucatán, publicada en 1917, dice que el periodo de apareamiento de los jaguares en la región ocurre en agosto y septiembre, por lo que las crías nacerían entre noviembre y enero.
Pues bien, de acuerdo con investigaciones dirigidas por Faller en la reserva privada El Zapotal, un terreno de 2 300 hectáreas de selvas y pastizales con abundantes cenotes y aguadas situado en el municipio de Tizimín cerca de la costa, propiedad de la asociación civil Pronatura Península de Yucatán, parece que en tierras peninsulares —al menos en el noreste— el apareamiento se da en cualquier época del año.
En efecto, según comentábamos en esta columna el pasado 6 de junio, a fines de abril se registró con una cámara automática lo que llamamos la boda de una pareja de jaguares. Ahora, en un informe recién publicado en la Revista Mexicana de Mastozoología por Faller y sus colaboradores, se dan detalles sobre la filmación, con un equipo de video especialmente adaptado para tomas nocturnas, de otro apareamiento en la misma zona. Pero no en primavera, sino en el otoño de 2006. Concretamente el 20 de noviembre de ese año.

La pareja de jaguares filmada durante su apareamiento en la Reserva de El Zapotal el 20 de noviembre de 2006. Imagen cortesía de Pronatura Península de Yucatán.
Comentan los investigadores que “en caso de resultar preñada la hembra, dado el periodo de gestación promedio de 100 días, y tomando en cuenta una duración del celo de entre 6 y 17 días, las crías nacerían a principios del mes de marzo, en los últimos días del invierno, en medio de la temporada de secas en la región. Esto es consistente con lo inferido para los jaguares de El Pantanal brasileño, ya que la temporada de secas es la mejor etapa del año para los jaguares en términos de cacería en la región de El Zapotal, ya que la presencia de presas alrededor de los abundantes cuerpos de agua es predecible y constante (y) en esta temporada es escaso el número de mosquitos, tábanos y otros insectos picadores que podrían dañar a las crías.”
En el caso de la pareja fotografiada en abril de este año, el nacimiento —en caso de haberse preñado la hembra— habría ocurrido ya entrado agosto, durante la temporada lluviosa veraniega.
Así, poco a poco, gracias a la paciencia y el esfuerzo de los científicos, se va conociendo mejor la vida del jaguar, el balam de los mayas, que es el mayor felino del continente americano y uno de los más bellos y espléndidos del mundo y del cual, a pesar de la deforestación y el acoso de los cazadores, todavía se conserva un importante número de ejemplares en el noreste de la península.