Naturaleza Maya
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Publicado en el diario Por Esto!
Sábado 8 de marzo de 2008

IMPACTO AMBIENTAL
Primer censo nacional del balam
Juan José Morales

Se cree que en la década de los 30 del siglo pasado había en México 20 mil jaguares. Si parecen pocos, es porque este gran felino es por naturaleza escaso, ya que cada ejemplar requiere un territorio de caza de al menos 45 kilómetros cuadrados, en el cual —además— debe haber abundante agua y vegetación arbórea. Y si antes los jaguares eran pocos, ahora son mucho menos, como resultado de la cacería ilegal y la destrucción de selvas y bosques para establecer campos agrícolas y ganaderos. Se calcula que sólo quedan 3 500, y su área de distribución —que abarcaba gran parte del país hasta el suroeste de Estados Unidos— se ha reducido a menos de la tercera parte. Ya sólo existen poblaciones importantes de este majestuoso animal —Panthera onca para los biólogos, balam en lengua maya— en Chiapas, Campeche y Quintana Roo, principalmente en las grandes áreas naturales protegidas como las de Montes Azules, Calakmul y Sian Ka’an.

Esas cifras, sin embargo, son estimaciones basadas en estudios aislados, inconexos y realizados en diferentes épocas. A ciencia cierta no se sabe cuál es la situación real. Por eso en enero pasado arrancó el primer censo nacional del jaguar en México. Mediante esta investigación, en la cual se utilizarán más de mil cámaras automáticas estratégicamente ubicadas, se pretende establecer con precisión dónde se encuentran las mayores concentraciones, cuál es la densidad de animales en diferentes zonas, cómo se desplazan en sus territorios, qué presas cazan, cuáles son sus horarios de actividad, cómo se interrelacionan las distintas poblaciones y en qué estado se encuentran. A partir de esa información, se podrá proyectar mejor las acciones de protección y de mitigación de las amenazas que penden sobre el océlotl, como le llamaban los aztecas.

En este ambicioso proyecto —cuyos resultados preliminares deben empezar a conocerse en agosto próximo— participa una veintena de instituciones científicas, tanto públicas como privadas. Entre ellas la UNAM, la Universidad Autónoma del Estado de México, el Museo de Historia Natural de Chiapas, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), Ecociencia, Naturalia y Pronatura. Por cierto, esta última organización ya venía realizando un importante estudio sobre la población de jaguares del noreste del estado de Yucatán, que ha logrado sobrevivir pese al acoso de los ganaderos, que los consideran depredadores de sus reses.

Los trabajos se realizarán simultáneamente en 13 estados del país, que han sido divididos en cuatro grandes zonas, de las cuales una corresponde a los tres estados peninsulares —Campeche, Yucatán y Quintana Roo— y otra a Chiapas y Oaxaca. En estas entidades es donde habita el mayor número de jaguares y, a juicio del biólogo Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM y coordinador del censo, existen las condiciones más favorables para su protección y conservación y para que se incremente su número. No sólo por la gran extensión de las áreas protegidas sino también porque están conectadas mediante los llamados corredores biológicos, que son zonas donde se hacen esfuerzos especiales para preservar o restaurar los ecosistemas originales. Esto es muy importante, ya que para que una especie se mantenga en buenas condiciones es indispensable el intercambio genético entre ejemplares de distintas poblaciones, y ello exige que puedan desplazarse fácilmente de una zona a otra.

Para terminar, sólo queda señalar que este primer censo nacional del balam no es una actividad aislada. Forma parte del Programa Nacional de Conservación de la especie iniciado en 2005, que fue declarado precisamente Año del Jaguar.

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