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Publicado en el diario Por Esto!
Viernes, 06 de junio de 2008

Impacto Ambiental
La boda de los jaguares
Juan José Morales

La magnífica fotografía que acompaña a estas líneas es considerada por sus autores -y con razón- la más bella que han tomado en sus cinco años de estudio de felinos silvestres con cámaras automáticas en el Norte de la Península de Yucatán. Fue lograda por el equipo de investigadores que encabeza Juan Carlos Faller, de la organización científica Pronatura Península de Yucatán, el pasado 29 de abril al amanecer, en el área natural protegida de El Zapotal en el municipio de Tizimín, en el Oriente de Yucatán, una zona donde a pesar de la deforestación ocasionada por el desarrollo de la ganadería, aún se conserva una importante población de esos animales. Dicho sea de paso, esa área protegida fue adquirida por PPY, que la maneja desde el 2002.

La pareja de jaguares fotografiada en terrenos del área natural protegida de El Zapotal en el municipio de Tizimín, en el Oriente de Yucatán, por investigadores de Pronatura Península de Yucatán.

La fotografía fue captada por una de las cámaras automáticas que se utilizan en la investigación sobre jaguares de la que hablamos en esta columna hace poco, y que se realiza en todo el país con el propósito de conocer no solamente el número y distribución de estos felinos, sino también sus hábitos, alimentación, épocas de reproducción y otras muchas cuestiones fundamentales para su protección y conservación. Muestra a una pareja de jaguares apareándose. El macho ya era conocido por los investigadores, pues había sido registrado fotográficamente hace dos años, en junio de 2006. Tiene entre cuatro y seis años de edad y se le llamó Jaguar Z. De la hembra, en cambio, aparentemente no se tenían registros previos, ya que —dicen los biólogos— los patrones de manchas de su pelaje, que son la guía para identificar a los jaguares, no corresponden a los de ninguna otra de las dos hembras ya conocidas en esta zona.

La información obtenida con esta fotografía, señala Faller, es importante ya que permite conocer la fecha exacta de apareamiento de estos jaguares. Ya antes, en noviembre de 2006, se logró filmar apareándose a la jaguar Alfonsina y al jaguar Luis.

Como detalle importante, vale la pena comentar que cuando se fotografió a Z y su pareja, estaba ocurriendo un incendio forestal a cuatro kilómetros de ese lugar, que consumió cien hectáreas de selva secundaria antes de ser controlado. Pero, desgraciadamente, por falta de vigilancia posterior por parte de la Comisión Nacional Forestal, el fuego se reavivó en una modalidad que se conoce como de baja intensidad y durante un mes fue quemando hectárea tras hectárea hasta sumar más de 500 antes de que una lluvia providencial lo sofocara. Se perdió así vegetación en la cual los jaguares pueden sobrevivir.

Pero, independientemente de lo anterior, la investigación dirigida por Juan Carlos Faller que realiza Pronatura Península de Yucatán en cordinación con otras instituciones, está revelando que en el Oriente de Yucatán los jaguares son al parecer más abundantes de lo que se pensaba, dada la intensa deforestación que ha habido en la zona para abrir campos ganaderos, y a pesar también de la cacería ilegal de que esos hermosos felinos son objeto por parte de ganaderos que los consideran un peligro para sus reses y de personas sin escrúpulos que comercian con sus pieles, no obstante que está prohibido hacerlo. Y con la información que los biólogos están acumulando, se podrá planear mejor la protección y conservación de esa población de jaguares.

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