Publicado en el diario Por Esto!
Viernes 30 de mayo de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
La milpa y las maderas preciosas
Juan José Morales
El tradicional sistema milpero de roza, tumba y quema utilizado en la península, ha sido fuertemente criticado y se le atribuye la deforestación y la pérdida de recursos forestales, en particular de las llamadas maderas preciosas como el cedro y la caoba. Y es que quien no conoce ese procedimiento agrícola, piensa que la vegetación de los terrenos desmontados se pierde para siempre, cuando en realidad se regenera al ser abandonada la milpa después de dos o tres ciclos de cultivo (no pueden ser más debido a la pobreza del suelo).
Y ese proceso de regeneración de la vegetación silvestre, que al cabo de unos 30 años o poco más permite que en el lugar haya nuevamente selva, es fundamental para conservar los recursos madereros. De hecho, es casi el único mecanismo mediante el cual se restablecen las poblaciones de árboles de cedro y caoba.
Así se señala en un estudio que acabo de rescatar de mis archivos, realizado hace algunos años en el sur de Quintana Roo por Patricia Negreros, Laura Snook y otros investigadores.
Señala el documento que en condiciones naturales, las poblaciones de esos árboles no se recuperan por sí mismas después del método usual de explotación forestal en la cual se talan los ejemplares de esas especies valiosas y unas pocas más, dejando en pie el resto de la arboleda. Es sólo —agregan los investigadores— después de perturbaciones severas, como huracanes o incendios, cuando crecen en cantidades considerables nuevos ejemplares para reemplazar a los que se cortaron.
Esto explicaría —dicen los autores del estudio— por qué con frecuencia han dado resultados tan poco satisfactorios los intentos por incrementar las poblaciones de cedro y caoba en las selvas de Guatemala, Belice y México, mediante el procedimiento usual de sembrar arbolillos obtenidos en viveros. En el fracaso, dicen, influyen desde luego otros factores, como la mala calidad de los arbolillos, su inadecuado manejo, o la falta de cuidados después de plantados para librarlas de la competencia de otras especies, evitar plagas y garantizarles adecuadas condiciones de supervivencia. Los malos resultados han hecho que ahora gobiernos y campesinos no se muestren muy interesados en programas de reforestación, pues los consideran una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo.
Los resultados de esta investigación, empero, parecen indicar que el problema no estriba en la reforestación misma, sino en que no se realiza en combinación con la agricultura milpera tradicional.
Este tipo de agricultura —señalan los investigadores— puede ser el único tratamiento silvícola efectivo y económicamente accesible para regenerar la caoba y el cedro en la selva maya. Los trabajos de roza, tumba y quema crean las condiciones adecuadas para la regeneración y crecimiento de la caoba y el cedro. El reto es determinar cómo se pueden aprovechar estas parcelas para incorporarlas al manejo integral de la selva y hacer de la roza-tumba-quema una técnica silvícola.
Hay que investigar —y ya se está haciendo— el potencial que ofrecen las milpas abandonadas para el establecimiento de árboles de cedro y caoba y la forma en que debe ser manejada la vegetación en tales lugares para garantizar la supervivencia de esas especies. Asimismo, hay que examinar la eficiencia de diversas técnicas, como la siembra directa de semillas en el suelo en vez de arbolillos de vivero.
Todo ello, naturalmente, llevará años. Pero hay que hacerlo si se quiere que nuestras selvas sigan siendo fuente de riqueza forestal.