Publicado en el diario Por Esto!
Sábado 17 de mayo de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
Un nuevo tipo de ganadería tropical
Juan José Morales
Ganadería y selva parecen términos opuestos. Se considera que una y otra son excluyentes y no pueden coexistir. La imagen que usualmente se tiene de los campos ganaderos en el trópico es la de extensas superficies sembradas con pasto, de las que se han eliminado totalmente los árboles, dejando si acaso sólo unos cuantos para dar un poco de sombra al ganado.
Las cosas, sin embargo, no tienen necesariamente que ser así. Según la Dra. Patricia Negreros Castillo, del Centro de Investigaciones Tropicales (CITRO) de la Universidad Veracruzana, es posible desarrollar una ganadería tropical a base de árboles forrajeros nativos y combinada con otras actividades productivas, de manera que se mantenga la gran diversidad biológica característica de las zonas tropicales y se evite la desaparición de especies animales y vegetales.
La idea es que en lugar de pastos, se utilice principalmente como alimento para el ganado el follaje de árboles como el ox o ramón —Brosimum alicastrum en la clasificación científica— o el waxim o guaje, Leucaena leucocephala, que además de brindar un excelente forraje, tienen otros muchos usos. El waxim, del cual hablaremos con más detalle en otra ocasión, es tan valioso que incluso está siendo introducido en muchos lugares del mundo.
En un sistema como el que propone la investigadora del CITRO, la engorda de ganado podría combinarse con la apicultura, la piscicultura, la producción de madera y otras actividades. Y no hay que olvidar que la clave del éxito en las explotaciones agroforestales y pecuarias en el trópico estriba en el uso múltiple de los recursos. Los monocultivos y las monoexplotaciones en general enfrentan serias dificultades y no pocas veces terminan en fracasos.
La idea de la Dra. Negreros no es tan descabellada como algunos podrían pensar, aunque difiera radicalmente de las prácticas ganaderas habituales. De hecho, subraya, hay varias especies de árboles forrajeros, como los ya señalados, que los ganaderos han usado tradicionalmente, pero en pequeña escala. Lo que se requiere es hacerlo en gran escala, y dentro de esquemas de uso integral y combinado de recursos.
Desde luego, ello exige investigaciones científicas. Se requieren estudios —y ya los han iniciado la Dra. Negreros y otros investigadores del CITRO—, para determinar cuáles son las especies de árboles forrajeros más apropiados para la ganadería, tomando en cuenta la cantidad de follaje que puede obtenerse de ellas, su valor nutritivo, si los animales pueden ramonear directamente del árbol o es necesario cortar las hojas, su aceptación por parte del ganado, el porcentaje de su dieta que pueden representar estos forrajes, la tasa de conversión de alimento en carne, la velocidad a la cual crecen las diferentes especies, cómo deben manejarse, qué otros productos pueden obtenerse de ellas, y otras muchas cuestiones por el estilo, sobre las cuales es más lo que se ignora que lo que se sabe actualmente.
Pero en principio, la idea es muy interesante. Uno de los factores que más han contribuido a la deforestación en México es la expansión de la ganadería. Vastas superficies cubiertas de selva han sido desmontadas para formar pastizales, con todas las consecuencias negativas que ello trae aparejadas. Por ello, cualquier proyecto que permita resolver el aparente dilema entre el desarrollo de la ganadería y la conservación de la selva y su biodiversidad, merece ser apoyado.