Publicado en el diario Por Esto!
Viernes 29 de agosto de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
Sin chimeneas pero con cloacas
Juan José Morales
Del turismo se dice que es la industria sin chimeneas, porque —a diferencia de los establecimientos fabriles— no emite humo, hollín ni gases que ensucien el aire. Es, supuestamente, una actividad limpia, no contaminante, enteramente inocua para el medio ambiente.
Por desgracia, esa idílica visión dista mucho de la realidad. En la práctica, la actividad turística es altamente contaminante. Prueba de ello son las inmensas montañas de basura —en su mayor parte formada por platos desechables, envases de refrescos y demás materiales plásticos no biodegradables— que generan los hoteles, bares y restaurantes, que saturan en poco tiempo los rellenos sanitarios de Cancún y otros lugares y se han convertido en una pesadilla para las autoridades.
Y si bien los hoteles no tienen chimeneas, sí tienen cloacas... cuyas descargas no siempre van a dar a las plantas de tratamiento de aguas residuales. Además, los centros turísticos ocasionan casi invariablemente la formación de extensos cinturones de miseria —ahí están Cancún y la Riviera Maya como ejemplo de ello— cuyos habitantes carecen de sistemas de drenaje y practican el fecalismo al aire libre o utilizan fosas sépticas deficientes.
No es de extrañar, entonces, que los mantos acuíferos subterráneos en el norte de Quintana Roo presenten serios problemas de contaminación con materias fecales. Peor aún: ese problema ya comienza a observarse en pleno mar.
Una investigación presentada recientemente en el Seminario sobre la Conservación de la Zona Norte de Quintana Roo organizado por la Reserva Ecológica El Edén, indica que en la llamada laguna arrecifal de Puerto Morelos —la franja de aguas marinas situada entre la playa y el arrecife— se detectó una enorme cantidad de bacterias coliformes, o sea microbios típicos de los excrementos humanos. Evidentemente, llegaron ahí llevados por aguas subterráneas contaminadas, que afloran en los ojos de agua o manantiales de agua dulce del fondo marino.
El trabajo fue realizado por el Dr. Mario Rebolledo, del Centro de Estudios del Agua del Centro de Investigación Científica de Yucatán. Señala el Dr. Rebolledo que estas bacterias, de la especie Escherichia coli, normalmente sólo sobreviven entre 8 y 24 horas fuera del intestino. El hecho de que se les encontrara en tan gran número en aguas marinas indica que, o bien la fuente de contaminación se halla muy próxima, o el agua subterránea corre muy velozmente.
Si la contaminación proviene de hoteles que descargan sus desechos clandestinamente, o de la falta de drenaje en las zonas urbanas, o bien de las letrinas usadas por los miles de trabajadores de la construcción que laboran en la zona, es cosa que habría que averiguar. Pero lo alarmante es que la contaminación ahí está.
Y no hay que olvidar que en la zona de Puerto Juárez existen también preocupantes indicios de contaminación marina con aguas negras: un fino limo negro mezclado con la antes blanca arena, y abundancia de algas, cuya proliferación puede atribuirse al exceso de nutrientes debido a la contaminación.
Lo que el Dr. Rebolledo descubrió debe servir como clarinada de alerta. No se puede simplemente cerrar los ojos ante el problema ni —mucho menos— tratar de ocultarlo. Se requiere profundizar en el estudio de la geohidrología de la península —y en especial de la zona norte de Quintana Roo— para conocer el estado real de los acuíferos y el impacto que su contaminación puede tener sobre la actividad turística.