Naturaleza Maya
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Fecha de publicación
2 de abril de 2007

IMPACTO AMBIENTAL
El destino que nos está alcanzando
Juan José Morales

Hace poco, una entrevista que concedí al diario capitalino El Universal acerca de los posibles efectos del calentamiento global y el consecuente ascenso en el nivel del mar, provocó un revuelo que francamente yo no esperaba. Distribuida por la agencia informativa del periódico y reproducida en muchos diarios y revistas de México y el extranjero, fue presentada en tono catastrofista, casi apocalíptico, augurando prácticamente que Cancún sería tragado por las aguas marinas y desaparecerían islas y amplios sectores de las costas de México.

Lo que en aquella entrevista señalé —y que ya había yo publicado el pasado 11 de diciembre en esta misma columna— es que Cancún podría quedarse sin playas, pues, de acuerdo con un estudio de los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, en el curso del presente siglo las aguas marinas podrían ascender entre 9 y 88 centímetros, y lo más probable es que la elevación sea de medio metro. Eso sería desastroso para los habitantes de zonas bajas, con sólo un metro de altura o poco más sobre el nivel medio del mar, como la gran llanura costera de Bangladesh en el subcontinente indio, muchas islas oceánicas y amplios tramos de las costas de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco y Veracruz, pues las volvería más vulnerables a tempestades, huracanes y mareas extraordinariamente altas.

En el caso particular de Cancún, en aquella colaboración del 11 de diciembre y en la entrevista de referencia, comenté que, también según cálculos de los especialistas, por cada centímetro que ascienda el nivel del mar, se perdería un metro de playa. Si se considera que las playas de Cancún miden ahora sólo 25 ó 30 metros de anchura, esto significa que se perderían por completo.

Esto no es catastrofismo ni alarmismo, sino una posibilidad real y concreta. Tan real y concreta que un grupo internacional de científicos acaba de recomendar a todos los países del mundo que ya no permitan edificaciones en terrenos costeros de menos de un metro de altura sobre el nivel de la marea alta.

El grupo, constituido por expertos de once naciones, trabajó durante dos años con el patrocinio de la Fundación de las Naciones Unidas, que es una institución privada asociada a la ONU, y de la Sociedad Sigma Xi —una renombrada asociación científica que agrupa a más de 60 mil hombres de ciencia— para determinar cuáles son las consecuencias que podría tener el ascenso del nivel del mar y qué medidas deben tomarse para tratar de evitarlo o atenuar sus efectos.

El informe, de 166 páginas y con un largo título —”Frente al cambio climático: evitar lo inmanejable y manejar lo inevitable”— fue entregado a la ONU como documento de trabajo para la próxima reunión de su Comisión de Desarrollo Sustentable. En él se señala que la temperatura media de la superficie de la Tierra ya es 0.8 grados mayor que antes de la revolución industrial y las proyecciones indican que aumentará entre 2 y 4 grados más de aquí a 2100 si las emisiones de dióxido de carbono prosiguen al ritmo que se ha estimado. Y —dice el trabajo— si el aumento llega a 2 ó 2.5 grados, sobrevendrían alteraciones climáticas incontrolables.

Desde luego, además del diagnóstico se sugiere una serie de medidas que por ahora no vamos a detallar —entre ellas la prohibición de construir en zonas costeras bajas y expuestas a la invasión de las aguas marinas—, para intentar impedir que la situación llegue a ese extremo y para adaptarse a aquellos cambios que no se puedan evitar.
Hacen hincapié sus autores en que los países y los sectores sociales más pobres son los más vulnerables a los efectos del cambio climático y los que más resentirán sus efectos. Por ello, advierten, el mundo tiene que prepararse para atender a cientos de millones de refugiados ambientales, personas que por efecto del cambio climático verán severamente trastornada su forma de vida. Esas personas, al experimentar carencias de agua y alimentos, tendrán que emigrar en busca de mejores horizontes o, incluso, se verán forzados a hacerlo si sus pueblos se vuelven inhabitables. Y desde ahora hay que prepararse para atenderlos, so pena de graves convulsiones sociales.

Desde luego, no hay que caer en la desesperación y el pánico, pero sí ser conscientes de que el ascenso del nivel del mar puede tener un profundo impacto para los habitantes de la zona costera de la península de Yucatán.

Atras
 
   
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