Naturaleza Maya
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Fecha de publicación
lunes 7 de abril de 2008

IMPACTO AMBIENTAL
El pH y el futuro de los arrecifes
Juan José Morales

El calentamiento global, como se sabe, es consecuencia de la cada vez mayor concentración en la atmósfera de dióxido de carbono, o CO2 para abreviar. Pero además del aumento de temperatura, la acumulación de ese gas tiene como resultado un incremento en la acidez de las aguas del océano debido a que también se incorpora a ellas, a un ritmo de 22 millones de toneladas diariamente. Y esto puede resultar desastroso para los arrecifes coralinos.

Desde luego, esto no significa que los mares se estén volviendo corrosivos y disuelvan la piel de los bañistas o los cascos de los buques. El fenómeno consiste en una ligera modificación de lo que los químicos llaman potencial hidrógeno o pH, el cual se mide en una escala que va de 0 a 14. El pH indica la concentración de iones de hidrógeno en una sustancia. El agua destilada, que se considera neutra, tiene pH 7. Un pH por debajo de 7 indica una mayor concentración de iones y por lo tanto que más acida es la sustancia.

Pues bien, resulta que el CO2 al reaccionar con el agua marina, forma ácido carbónico, cuya fórmula es H2CO3, y por lo tanto incrementa la acidez del agua.

Pero esto no es una lección de química. Lo importante es señalar que a la par que se calientan, las aguas marinas se vuelven más ácidas, y que en esas condiciones se entorpecen los procesos vitales de los pólipos del coral, que utilizan el carbonato de calcio disuelto en el agua para formar sus esqueletos externos, que son los que forman los arrecifes. En pocas palabras: mientras menor sea el PH de los océanos, más lenta y difícil se volverá la formación de estructuras coralinas.

Un informe de la Royal Society de la Gran Bretaña dice que durante la era industrial la concentración de iones de hidrógeno en el mar ha aumentado aproximadamente un tercio, y que se espera que el cambio se acelere en el curso del presente siglo. Probablemente entre 0.3 y0.4 unidades. Y aquí conviene señalar que la escala es logarítmica. Esto significa que cada punto en la escala, implica un incremento o decremento de diez veces en la acidez.

Para el ser humano, nadar en aguas con  un pH bastante bajo ­o sea considerablemente ácidas­ no representa ningún problema. De hecho, podríamos sumergirnos en leche de burra ­cuyo pH es 6.7­ como se dice que lo hacía Cleopatra, e incluso en jugo de naranja (pH 3) y sentirnos muy a gusto. Ello se debe a que la piel nos protege. Pero los pólipos formadores de coral no tienen piel. Por ello pueden resultar seriamente afectados. Y el panorama no es muy tranquilizador.

Según las previsiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, en el año 2100 la concentración de CO2 en la atmósfera será del orden de 550 partes por millón. En tales condiciones, la acidez del agua alcanzará tales niveles, dicen investigadores de la universidad australiana de Queensland, que los pólipos simplemente no podrán sobrevivir. Morirán sin remedio Sobre todo porque, además, estarán sometidos al efecto de aguas negras y otros contaminantes a los cuales son muy sensibles, y a temperaturas más altas. Un incremento sostenido de sólo un grado Celsius durante tres o cuatro semanas basta para convertir los corales en blancos esqueletos.

Ese es, pues, el futuro que espera a nuestros arrecifes coralinos, esos arrecifes de los que depende la vida económica de la costa mexicana del Caribe, si continúa el calentamiento global y si seguimos agrediéndolos con desechos contaminantes y un exceso de visitantes.

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