Fecha de publicación
lunes 14 de abril de 2008
IMPACTO AMBIENTAL
Cambio climático, bochorno y lluvias
Juan José Morales
La gente se queja del calor y se dice que en México estamos viviendo una de las épocas más calurosas. Pero el bochorno que agobia a millones de personas no es resultado, como supone mucha gente, exclusivamente del calentamiento global de la atmósfera. El incremento de la temperatura media de la Tierra debido a ese fenómeno es sólo de una fracción de grado, demasiado pequeño para resultar perceptible. De hecho, si bien ha habido frecuentes ondas cálidas durante los últimos años, las temperaturas en general se mantienen dentro de los límites históricos. El problema del calor bochornoso se presenta sobre todo en los centros urbanos y se debe, como señalamos hace algún tiempo en esta misma columna, a lo que los meteorólogos denominan islas térmicas o islas de calor. Es decir, a que —por la voracidad de los fraccionadores, que gracias a leyes y reglamentos que les permiten construir casas cada vez más pequeñas, apiñadas unas con otras, en fraccionamientos carentes de áreas verdes y con calles demasiado estrechas— las ciudades se están convirtiendo en verdaderas masas de asfalto y concreto, en masas de asfalto y concreto, en una especie de gigantescos comales que durante el día captan el calor solar y luego lo reemiten lentamente, incluso durante la noche, cuando debía refrescar, y convierten el ambiente en un horno.
Según estudios científicos, debido a ese efecto de islas urbanas térmicas, en las ciudades la temperatura del aire puede estar hasta cinco grados por encima de la que reina en los alrededores. Así, en la ciudad de México los registros meteorológicos indican que en los últimos 30 años la temperatura media aumentó cuatro grados centígrados.
Por otro lado, recientemente se descubrió un insospechado efecto de las islas de calor: la alteración del régimen de lluvias a nivel local.
Según observaciones realizadas por la NASA con el satélite TRMM (Tropical Rainfall Measuring Mission), que mide la cantidad de lluvia sobre diferentes áreas de la Tierra, en las ciudades densamente urbanizadas la precipitación pluvial es mayor en un sector de 30 a 60 kilómetros hacia la periferia o fuera de ella, en la dirección hacia la cual sopla el viento.
Esto se debe a que el intenso calentamiento del área urbana produce fuertes corrientes ascendentes de aire —corrientes convectivas les llaman los meteorólogos— que levantan humedad y favorecen la formación de nubes o engrosan las ya existentes. El resultado es una mayor cantidad de lluvia, con los consiguientes problemas de saturación del alcantarillado y encharcamientos.
Este fenómeno podría explicar por qué en la ciudad de Cancún, por ejemplo, es común que caigan fuertes aguaceros en las zonas situadas tierra adentro, a mayor distancia del mar, mientras en las proximidades de la costa llueve mucho menos. La razón de ello sería que las nubes formadas en la isla térmica citadina son arrastradas por los vientos dominantes —que soplan del mar hacia tierra— y llevan las nubes hacia las barriadas.
Desde luego, esta es sólo una suposición. Para verificarla habría que realizar mediciones simultáneas de las condiciones meteorológicas y la precipitación en diferentes zonas de Cancún. Pero —y aquí viene la crítica— por increíble que parezca, el servicio meteorológico de esta que es la mayor ciudad de la costa mexicana del Caribe y una de las más importantes económicamente del país, no cuenta ni siquiera con instrumental profesional para llevar un registro diario de las condiciones ambientales.